Postureos

 

Al finalizar el año la Real Academia de la Lengua hace un estudio de aquellos términos o palabras que más significado han tenido a lo largo del año, creo que en 2015 se hablaba de la palabra refugiado, o del zasca empleado por Ana Pastor en un debate electoral, o de otros términos parecidos. Yo, desde luego, si tuviera que definir con un término estos tiempos que nos ha tocado vivir lo tendría claro: el postureo.

Me he convertido en un experto en detectar postureos, los veo por todas partes: en la política, en las tertulias, en los anuncios, en los mensajes, en los diálogos de sobremesa y, como no, en las redes sociales. En realidad las redes sociales son en un porcentaje muy elevado sólo eso, postureo.

Sonreír en todas las fotos, aparentar lo que no se es, decir y argumentar lo que dice y argumenta el resto, creerse transgresor cuando no se hace más que nadar a favor de la corriente, pensar que el éxito radica en la cantidad de seguidores que uno tenga, en la cantidad de “Me gusta” que atesore.

Respeto a los que de esta forma han conseguido una popularidad impensable en otras circunstancias,  quienes han transformado su vida en una sucesión de clics que les da sentido, les respeto y me hecho a un lado para que pasen con sus banderas, sus fotos y sus emoticonos sonrientes, con la esperanza, cada día más vana, de que la fiebre pase y le prestemos atención a quién realmente tenga algo que decir y ocupemos nuestro tiempo en descubrir lo mucho que la red nos puede ofrecer y que se disipa en medio de esta marabunta contagiosa, inútil, intrascendente y tontorrona.