Veinte días intensos

A veces la vida se transforma en una sucesión de jornadas intrascendente y en otras ocasiones los acontecimientos se suceden como en un carrusel de feria.

El pasado 17 de Mayo presenté en Badajoz Los extraños sucesos del bloque sin ascensor. Tras tantos meses esperando poder presentar el libro, tras tantas idas y venidas, hacer la presentación en Badajoz resultó cuando menos extraño y acorde con el título del libro. En el acto estuve acompañado por la autora de las ilustraciones, María Polán, y por el Director de la Editora Regional de Extremadura, Eduardo Moga, que hizo una brillante intervención previa. No voy a ocultar que yo tenía cierto reparo y prejuicio contra Eduardo, sin conocerle, por aquello de que mis intentos de presentación, incluso de toma de contacto con él, habían resultado infructuosos. Pero, al finalizar el acto tuvimos la oportunidad de conocernos y de mantener una charla informal y larga en la que mis reticencias iniciales fueron cayendo una tras otra. Resulta evidentemente triste plantearse ningún tipo de actividad política, de gestión o incluso de respaldo, sin que apenas cuentes con apoyos ni recursos económicos para ello. Así es muy difícil hacer nada. Como extremeño me apena la situación y la poca consideración hacia la cultura que se hace desde la Junta de Extremadura. Apoyar la cultura, y más desde un partido como el Socialista, debe ser algo más profundo, creíble y sostenible, que hacer un discurso cada 8 de Septiembre o en cada entrega de no sé qué premio. Apoyar la cultura es otra cosa bastante más seria, para empezar, y remarco lo de para empezar porque la labor es larga, debería existir una Consejería de Cultura que coordine, exija y dirija, porque lo de asumir esa responsabilidad desde la propia presidencia no sirve sino para que esta competencia, a la postre, acabe diluyéndose.

El 21 de Mayo era una fecha que tenía marcada en rojo. No es que yo fuera muy fanático de Bruce Springsteen, pero la ocasión de que viniera de nuevo a España, acompañado por la E. Street Band, bien merecía el esfuerzo de hacerse con una entrada. Con la ilusión de un quinceañero acudí al Bernabeu a una hora temprana que me permitiera ver el concierto desde muy cerca. Así pasó. Como un niño que acude a la feria por primera vez me empapé de todo lo que iba pasando durante la jornada: la entrada, la cara de los asistentes, sus vestimentas, los prolegómenos, las luces, el escenario… Allí abajo, en compañía de mi amigo Gómez, en medio de un estadio que parecía más pequeño desde esa perspectiva, rodeado de un ambiente de felicidad compartida, arrancó un concierto memorable. Como un tsunami musical se derramaban sobre nosotros canciones míticas, una tras otra, sin descanso, sin pausa. Emocionados, con esa sensación de no querer que pase el tiempo, de intentar saborear cada minuto como si fuera el último, transcurrió el concierto. Incluso tuvimos la oportunidad de tocar a la estrella, de sentirle cerca, de cantar a su lado. Fue algo así como si de repente volviéramos a tener veinte años, casi como si volviéramos a sentirnos inmortales. Sólo me queda decir: ¡Gracias Bruce!

En mi faceta de aventurerillo, que tanto me agrada y que tan poco practico, tenía anotada la visita a un desfiladero mítico que se encuentra en Andalucía y que se le conoce como el Caminito del Rey. Seguro que más de uno ha visto las imágenes grabadas desde una cámara subjetiva en la que unos tipos atraviesan un sendero bastante peligroso y en condiciones tan precarias que lo convertían en una ruleta rusa de cemento. En los últimos años se habían producido tantas muertes que en un principio la Junta de Andalucía había decidido volar las partes iniciales del recorrido para evitar accesos que, por otro lado, estaban desde hacía tiempo, prohibidos.

Pero el carácter mítico de la travesía seguía ahí, y los gestores turísticos no tardaron en buscar una solución a esa demanda, realizando un nuevo camino sobre el ya existente, pero eso sí, con todas las medidas de seguridad, incluyendo casco protector y cobrando el acceso a 10 euros la cabeza. Por motivos laborales tuve que estar dos días en la ciudad de Antequera, invitado por la empresa Gt3, y entre las actividades que organizaron estaba una visita al desfiladero de los Gaitanes y al Caminito del Rey.El recorrido me recordaba en cierto modo al tramo final de la Ruta del Cares que está cerca de Caín, es decir, grandes paredes horadadas por la acción del río, pasos verticales y algún puente colgante agitado por el viento. Lo disfruté, aunque el caminito había perdido su lado salvaje, y a pesar de que era atravesado impunemente por turistas de zapatilla y gafas de sol… como yo.

Caminito del rey

Por último, el pasado viernes 3 de Mayo realicé la presentación de Los extraños sucesos del bloque sin ascensor en Cáceres, acompañado por María Polán y con la participación de mi hijo que hizo una excelente introducción al Toro Melancólico con su violonchelo y el Cant del Ocells de Pau Casals. La presentación me dejó una cierta sensación agridulce, por un lado cerraba página y presentaba el libro en Cáceres ante un puñado de familiares y amigos, pero la presencia de público, casi todo él muy querido e incondicional, resultó inferior a la que esperaba. Eso son los riesgos de presentar sin apoyo institucional, a pesar de que algunos medios estaban avisados, sólo el diario Hoy se presentó la misma tarde de la presentación. Asumo el error de no haber sido capaz de motivar a más gente, de no ser más activo en las redes sociales y, en general, de no haber sabido gestionar esta convocatoria. Prometo que la próxima vez saldrá mejor.

En definitiva, emulando al gran Neruda, debo decir que durante estos últimos veinte días confieso que he vivido.