Je suis neardental

Voy a lanzar una teoría a sabiendas de que no tiene ninguna base científica, ni pies ni cabeza, salvo la que ocupa el lugar de la leyenda o el mero pensamiento romántico.

Hace unos pocos miles de años, existían una serie de homínidos repartidos por lo que ahora conocemos como Europa. Desde un antepasado común aquellos hombres habían colonizado su territorio poco a poco, con dificultad, en precario, con el temor de que en un momento determinado llegara un animal, o una enfermedad o una plaga que acabara con ellos. Eran expertos supervivientes.

Uno de estos grupos tenía el cerebro especialmente desarrollado,  no es que sólo fueran sólo inteligentes, eran prácticos, eran hábiles y habían conseguido una mejor adaptación al terreno hasta hacerlo suyo: mejores herramientas, mejores estrategias de caza, mejor alimentación.

Existía otro grupo menos numeroso, menos hábil, con más dificultades para prosperar, con un lenguaje menos desarrollado pero que, a cambio, tenían un mayor componente místico: enterraban a sus muertos desde hacía mucho tiempo y tenían una conexión más espiritual con su entorno.

Resulta que esos dos bloques de homínidos se encontraron en un momento determinado. Se miraron, en un principio con recelo, después con curiosidad, se esquivaron pero a escondidas fueron adentrándose unos en el terreno de los otros, no siempre buscando la guerra, también buscando satisfacer su  inquietud o sus deseos más íntimos. Y de esos encuentros salvajes surgieron nuevos seres que heredaron características de unos y de otros.

Luego llegaría la guerra, porque la guerra es como ese parásito que nos ha acompañado siempre, el ataque al invasor, al diferente, el anhelo de aplastar al más débil. También vinieron las enfermedades, como aves de mal agüero, que pusieron a prueba sus supervivencias hasta que finalmente una de ellas, la más hábil, la mejor alimentada, logró triunfar y los diferentes fueron expulsados, arrinconados a merced del tiempo, del cansancio y la tristeza.  No fue de un día para otro, no fue inmediato, pero me imagino al último de ellos, su soledad, su angustia, honrando en una cueva fría a sus antepasados, dibujando pobremente la silueta de la última mujer de su estirpe que conoció con vida.

Dicen que todos los seres humanos actuales tenemos un tanto por ciento de Neardental en nuestros genes, no sólo los europeos. Tal vez esa sea la razón que explique el hecho de que unos se desenvuelvan tan bien en el terreno práctico, del poder o del dinero, que no escatiman medios para conseguir su fin, mientras otros parecen recorrer el mundo con una tristeza vieja que les anida en el cuerpo, y han de pintar para expresarse, y han de filosofar para buscar el sentido a su existencia, y han de crear música para disimular el sonido del mundo, y han de escribir un verso para burlar su angustia.

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