Coup de Soupe

 

Nos es que me guste planchar, ¿a quién le puede gustar planchar? Pero no es de las labores domésticas que más me desagrada. Mientras lo hago, entre planchado y planchado, a veces se me descoca la imaginación y me lo paso en grande. Otras veces aprovecho para reencontrarme con aquellos discos antiguos que ya apenas oigo, devorados por la furia insaciable de las novedades, cada vez más efímeras.

Hoy he escuchado a Coupe de Soupe, un grupo memorable para muchos cacereños de mi generación.

No es fácil saber cuándo uno pasa de la infancia a la adolescencia, pero yo creo determinar de manera tajante cuándo dejé de ser adolescente. Rompí con las amistades de mi infancia y me abracé a las amistades de mi instituto a partir de una excursión que se organizó en la semana santa de 1987. La banda sonora de aquel viaje loco, casi salvaje, fue un viejo casete que el conductor reponía una y otra vez. El disco tenía el extraño nombre de «Sonetos Amorosos Portugueses».

Por entonces la llamada movida madrileña estaba en pleno apogeo y sus sacudidas se hacían notar incluso por estas tierras. Coupe de Soupe era un grupo moderno, la voz de su cantante tenía ese toque bandarra que lo hacía singular y diferente, sus estribillos eran originales y pegadizos, incluso a día de hoy me siguen pareciendo una banda moderna, eran como los Golpes Bajos extremeños, merecían haber tenido mucha más repercusión de la que tuvieron. Todavía me sorprendo cantando cada canción, como si las conociera de toda la vida, como si aquellos botellones quinceañeros en la plaza de Santiago, junto al bar La Chicha, aún se estuvieran produciendo.

La movida cacereña, los sansones del Extremeño, las copas en San Blas, la Gata Flora, El Campesino, La Furriona, El Capitol, el Duque, el Botellón en la plaza, La Madrila… qué se yo… la juventud en fin. Supongo que ahora los jóvenes cacereños tendrán sus lugares de diversión, no quiero pecar de creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero a veces, paseando por la otrora bulliciosa Plaza Mayor, no puedo evitar pensar que ya nada es lo que era.

Hace unos cuantos años, tal vez 15 o 16, Coupe de Soupe se reunió en el Gran Teatro para dar un último concierto, por aquel entonces yo hacía la crónica cultural de la Revista Alcántara y tenía un pase de prensa que me permitía acudir a todas las actuaciones. Cuando quise entrar, como otras veces, el maldito revisor de las entradas no me permitió el paso, no tenía ninguna razón para hacerlo y a esas horas era ya imposible conseguir una entrada, por lo que me quedé en la calle. Nunca se lo perdonaré a aquel tipo huraño y malencarado. Me robó no sólo la posibilidad de escribir sobre ellos en la prensa, también impidió que me reencontrara con aquel aprendiz de jovenzuelo que un día fui, cantando por la Plaza de Santiago: ¡Mira la Iglesia se mueve!

 

(rescatado de mi Mirador de Jaralunas)

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