Charla en el Instituto Cerro Pedro Gómez, de Madroñera

Se cumplen ya nueve años desde que publiqué Los Viajes de Lucas Ventura. A pesar del tiempo que ha pasado recuerdo perfectamente los entresijos de su publicación, mi primera entrevista con Álvaro Valverde para presentarle el proyecto, la euforia con la que recibí la llamada de Luis Saez confirmándome la publicación de la novela, las entrevistas, los nervios y aquella presentación oficial junto a la entonces Consejera de Cultura Leonor Flores. Nueve años en los que ha habido nuevas novelas, nuevas publicaciones, nuevos personajes, pero en donde la figura de Lucas Ventura ha seguido ahí, como un viejo amigo del que sigo hablando y, en cierto modo, alargando su vida. Si en la entrada anterior hablaba de la inmortalidad de las palabras, también es cierto que desde el punto de vista del autor cuando los libros se agotan, se olvidan o se abandonan, los personajes envejecen en el recuerdo, se acartonan y amarillean. No es el caso de Lucas Ventura, al fin y al cabo, él es un luchador y el paso del tiempo, a la vista está, todavía no ha sido capaz de vencerle.

El pasado 3 de mayo tuve la oportunidad de hablar de él frente a un respetuoso grupo de alumnos con motivo de la Semana Cultural que celebraban en el Instituto Cerro Pedro Gómez, en Madroñera. Rememorando aquella vez en la que acudí al Monasterio de Guadalupe para encontrarme con Fray David Ortiz, en pleno proceso de documentación de la novela, me acerqué en moto a Madroñera. Afortunadamente esta vez no tuve tormentas, ni anduve esquivando granizos, al revés, el campo extremeño se extendía plagado de verdores y vida tras una primavera caudalosa. Acudí a la amable invitación de Eloy Remedios, mayordomo de la Cofradía cacereña de Jesús Nazareno, y profesor de lengua y literatura. Nunca me cansaré de valorar la importancia de esos profesores que toman partido y espolean la inquietud cultural de sus alumnos con actividades que complementan su formación. La nómina de autores extremeños que habían pasado por el mismo escenario los años anteriores era brillante, realmente considero una magnífica oportunidad la que se les brinda a los alumnos de conocer la obra de escritores actuales y de tener contacto directo con ellos.

Enseñar, educar, es un concepto muy amplio que se escapa de las paredes de un aula y para el que se necesita la tribu entera. Como escritor de la tribu anoté mi compromiso con este libro y traté de llevarlo a buen puerto. Lucas Ventura nació por tanto con una clara vocación didáctica, centrada en el conocimiento de nuestro pasado, en alentar el respeto hacia la historia de Extremadura, en fomentar ese proceso tan necesario que consiste en aprender a querernos, para valorarnos. Ojalá la semilla de ese pensamiento haya prendido en el espíritu de alguno de los alumnos que me acompañaron el jueves pasado en Madroñera.

 

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