Encuentro con Victor Chamorro

Entrevista a Víctor Chamorro
Antonio Jesús González Prado *
Esta entrevista surgió en colaboración con los creadores de la página de fomento de la lectura: http://www.disfrutalalectura.com/

Una de las satisfacciones adicionales a la escritura consiste en tener la oportunidad de conocer a personas extraordinarias. Durante el proceso de documentación de “Los Viajes de Lucas Ventura” uno de los libros que siempre anduvo deambulando por mi mesilla fue “Érase una vez… Extremadura”, del escritor Víctor Chamorro. Por diversas circunstancias tuve la oportunidad de concertar una cita con él para hablar de literatura, de Extremadura y de todo lo que se nos ocurriera, como así pasó. Tras contactar con él por correo electrónico y por teléfono, quedamos en vernos el último viernes del pasado mes de Noviembre.

Era una tarde fría, que amenazaba lluvia. Quería que la entrevista se realizase en persona y por eso no dudé en desplazarme hasta su casa de Hervás. En un principio nuestra intención era acudir, al menos, dos personas para tratar de grabar la entrevista en formato digital. No pudo ser, por diversas razones tuve que acudir solo y con material de grabación de andar por casa; mejor así, porque lo que yo imaginé una entrevista de algo menos de una hora, se transformó en una charla amena e informal que duró más de cuatro horas y que me hizo regresar a casa bastante más allá de la media noche.
El Valle del Ambroz, engalanado de colores rojizos, con el Pinajarro todavía sin nieve, pero vigilante y altanero, me recibió a la hora señalada, las seis de la tarde. Encaminé mis pasos hacia los Apartamentos Rurales regentados por uno de los hijos de Víctor, y allí me recibió Teresa, su mujer, entrañable y calida. Víctor llegó a los pocos minutos, antes de que me hubiera dado tiempo a desplegar mi precario equipo de grabación, y casi sin interrupción comenzamos a charlar. Lo que a continuación sigue, no es más que un breve sucedáneo de lo que allí se dijo.

Víctor, sabes que esta entrevista surge de mi colaboración con una página web llamada Disfruta la lectura. ¿Cuál es tu relación personal con el mundo de internet y las nuevas tecnologías?

– Escasa, te diré que ni siquiera sé escribir a máquina.

Pero sabes que en un futuro próximo la literatura se difundirá en otros formatos como el libro electrónico, y que es probable que cualquiera desde su casa se descargue, por ejemplo, tu obra completa en un solo clic
Me parece muy bien. Siempre que se utilice como un elemento más en la formación de las personas, como un complemento en la educación, pero sin sacralizarlo. El hecho de que cada alumno pueda tener un ordenador no quiere decir que el problema educativo está resuelto. Cuando yo era profesor en Madrid, de repente, me empezaron a llegar trabajos estupendos que luego me dijeron que se obtenían directamente de Internet, los chavales copiaban artículos enteros y me los entregaban perfectamente encuadernados. Pero no se trataba de eso, yo empecé a exigir que todos los trabajos me fueran enviados escritos a mano, que al menos se tomaran esa molestia. Por otra parte, a mi Internet me parece una ventana increíble de libertad, el problema es saber quién controla, o quién controlará, el oxígeno que entra por esa ventana.
– Víctor, desde el comienzo de tu obra siempre estuvo presente una importante carga social, sin embargo tú eras hijo de un Secretario de Ayuntamiento, por lo tanto no venías de una familia especialmente humilde. ¿Cómo surge, por tanto, esa conciencia de cercanía con el más débil?
Eso es algo que yo me he planteado a menudo, pero fíjate, si estudias la vida de alguno de los escritores que más se implicaron en el análisis de nuestra propia realidad, como Meléndez Valdez o Felipe Trigo, provenían de familias acomodadas, sin embargo se desclasaron hacia abajo y adoptaron una sobrecarga crítica por lo que habían visto. Yo desde pequeño me sentí cercano al pueblo humilde, a menudo me encargaba de cultivar la huerta de mi padre y entonces tomaba contacto con aquellos campesinos, que eran campesinos de los que ya no existen, personas pobres pero con una dignidad, una filosofía y un lenguaje extraordinario, que me inculcaron ese amor y ese respeto hacia su forma de vida.
¿Tuviste contacto en esa época con otros escritores de ámbito social, del tipo Álvarez Lencero o Manuel Pacheco?
– No, te parecerá curioso pero ni tuve ni he tenido amigos que escriban. Tengo más contacto con escritores de los de tu generación, que de los de la mía. En su momento, cada uno tratamos de buscarnos los huecos en el mundo editorial como hemos podido, aunque, al menos en mi caso, siempre de manera independiente.
– Y tal vez por esa independencia has tenido que pagar un peaje importante, que te ha llevado incluso a crear tu propia editorial para publicar tu obra.
Yo tuve oportunidad, como finalista del Premio Planeta en dos ocasiones, de haberme quedado a trabajar para Planeta, pero tuve claro desde un principio que lo que yo quería era tener un trabajo del que poder vivir, y aparte dedicarme a la escritura. De esta forma trabajé durante mucho tiempo en la enseñanza y gracias a eso he sacado a mi familia adelante, pero además he escrito, y lo he hecho a contracorriente y escribir a contracorriente se paga. Uno llega a los 65 años y debe continuar mandando libros a las editoriales para sacar a tu obra a la calle. A menudo me ha pasado que la única manera que he tenido de publicar ha sido concursando a premios literarios de prestigio. Algunas obras habían sido rechazadas durante años por editoriales hasta que han sido ganadoras de premios tan prestigiosos como el Café Gijón. Yo pensé que después de ese premio ya lo de concursar, que me aterraba, se habría acabado, pero no. Llegó un momento en el que mi hija me dijo: ¡Hasta aquí!, se acabo ese peregrinaje indigno de editorial en editorial, vamos a crear nuestra propia editora y vamos a encargarnos nosotros de su distribución.
– Y en ese recorrido a contracorriente ¿Cuál ha sido tu compromiso con el lector?
Todo escritor debe tener un compromiso con la palabra y también con la idea. Si uno sólo tiene un compromiso con la palabra te terminas convirtiendo en una especie de esteta, por el contrario, si descuidas el lenguaje y sólo tienes compromiso con la idea terminas escribiendo panfletos. La virtud, como en tantas cosas, está en un término medio. Por ejemplo, yo en la poesía extremeña siempre eché de menos a los poetas revolucionarios que, sin haber olvidado que la literatura es un arte y sin descuidar la palabra, hubieran forjado una poesía comprometida, echo en falta la figura de un Miguel Hernández extremeño, en qué lugar sino aquí debió haberse escrito, por ejemplo, “El niño yuntero”. Pero eso, salvo aisladas excepciones, no pasó, en muchos casos quizás ha habido un complejo de no querer ser confundido con lo rural, una cierta huída de los orígenes, del hambre, olvidando que en el medio rural se ha preservado el castellano más puro. Yo siempre he defendido lo rural, sin complejos, aunque no esté de moda.
– ¿Has mantenido en todo este tiempo una preocupación por tu estilo literario?
– Hasta mi novela “El pasmo”, yo despreciaba todo eso del estilo, pero a partir de ahí te puedo decir que mis libros de cabecera son el Casares y el María Moliner, apenas leo ya novelas, sólo leo historia y diccionarios, si acaso alguna novela de Baroja o Delibes, pero la mayoría de lo que se escribe ahora, termina cayéndoseme de las manos.
– ¿Y cómo se enfrenta un autor como tú, con una obra tan centrada en nuestra propia historia, al proceso de documentación que lleva aparejado cada uno de tus libros?
En realidad llevo más de 40 años documentándome, entenderás que a estas alturas recurra mucho a mis propias fuentes, a veces, es cierto, encuentro cosas desconocidas, pero por lo general dispongo de una amplia biblioteca de temas extremeños que se ha ido forjando desde que escribí mi primer libro sobre Las Hurdes, allá por 1968.
– Precisamente con aquel libro (“Las Hurdes, tierra sin tierra”), iniciaste uno de los temas más controvertidos de tu bibliografía. ¿Cómo encuentras las Hurdes de ahora?
– Las Hurdes actuales nada tienen que ver con las que yo conocí. Afortunadamente. Ahora tienen una proyección turística impensable hace cuarenta años, un lugar que arrastra una leyenda negra, pero donde abundan los chiringuitos, los hoteles… cuando yo estuve había pueblos normales con su Ayuntamiento, su cuartel, su casa del médico, su carretera, pero también había algunas alquerías, que yo conocí porque pateé con detenimiento aquellas sierras, que se encontraban sumidas aún en el Neolítico.
– ¿Cómo te recibieron aquellos hurdanos? ¿Tal vez recelosos?
– Yo las recorrí durante cuatro meses. En aquellos años todo el que iba allí a escribir lo hacía con un permiso del gobernador civil o de otras autoridades, con ese permiso los alcaldes le facilitaban todo y les enseñaban “Las Hurdes oficiales”, de esta forma daban la impresión de que Franco, al que algunos hurdanos llamaban “el padrecito”, desde que había adoptado la comarca la había transformado, había dejado de ser lo que era. Pero yo me adentré sin permiso, salvando el recelo de las gentes, que me trataron muy bien, y tratando de contar la visión de las otras Hurdes, las no oficiales, pero que todavía existían. De esa experiencia salió aquel libro, aunque mutilado en buena parte por la censura de la época.
– Y adentrándonos en tu visión de Extremadura, ¿crees que existe una conciencia clara de nuestra región como una entidad social diferenciada?
Yo creo que nuestra peculiaridad es un sentimiento, que no tiene nada de nacionalista y no es contra nada ni contra nadie. El extremeño es universalista, el extremeño suma, pero mientras otros pueblos se unen para reivindicar, el extremeño no, a pesar de la lista de agravios que tenemos. A mí me parece que Extremadura debería pasar por un sarampión nacionalista, y yo no soy nacionalista, que nos aglutinara, para que nos empezaran a tomar en serio; hasta que estuviésemos en situación de igualdad con otros territorios. Claro, que esto son etapas larguísimas, que deberían iniciarse desde la propia escuela, con una asignatura obligatoria, que hablara sobre la historia de Extremadura. Y en donde tuvieran cabida libros similares al que tú, por ejemplo, has escrito.
– ¿Y por qué en Extremadura, que ha dado personajes tan ilustres en el ámbito político y humanístico, no ha surgido nunca una figura capaz de aglutinarnos como pueblo?
– Porque aquí se ha impuesto siempre un mismo programa basado en la desunión: familias desunidas, pueblos desunidos, comarcas desunidas, provincias desunidas. Se implantó un sistema casi feudal que ha durado hasta la democracia. Hay fuerzas que reivindican, que aparecen en ocasiones, como cuando se trató la oposición a Valdecaballeros, a las empresas de celulosa que descuajaron encinares o ahora con la refinería, pero son fuerzas dispersas. Desgraciadamente en Extremadura no tenemos el sentimiento de agravio que tienen otras comunidades que, por el contrario, han sido las grandes beneficiadas históricamente por el estado. Pero al menos yo detecto que se está formando, en los últimos años, una corriente de simpatía hacia todo lo que tiene que ver con Extremadura, que está calando no sólo en los extremeños que viven fuera de aquí, sino también en los turistas que nos visitan, aprovechando las mejoras en la red viaria, y que se quedan asombrado de nuestros paisajes, de nuestras costumbres, de nuestros pueblos.
– ¿Cuál es tu próximo proyecto literario?
– Entregué una serie de textos para la realización de siete reportajes televisivos sobre la historia de Extremadura, que han sido emitidos por Canal Extremadura, sin demasiada repercusión, todo hay que decirlo. Esos textos no han formado parte del guión de los capítulos, sino que han aportado documentación adicional a cada uno de ellos. Mi idea fue trabajar sobre esos capítulos y extenderme en ellos, dando como resultado un libro con sustantividad propia, que ya está en prensa. A día de hoy pienso que es de lo mejor que he escrito en mi vida.
Antonio Jesús González es escritor,
recientemente ha publicado un libro juvenil sobre la
historia de Extremadura titulado “Los Viajes de Lucas Ventura

Entrevista en el Periódico Extremadura

Se puede consultar en:

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=473541

30/10/2009
“Me encanta disfrutar del otoño en el valle del Ambroz”

Nacido en Cáceres en 1970, ha publicado el poemario De la memoria anclada , un pliego de poesía en colaboración con el pintor cacereño Hilario Bravo, así como varias separatas con poemas, artículos y conferencias publicadas en la Revista Alcántara y el libro de cuentos infantiles Rosa Terrosa , ilustrado por la cacereña María Polán, premiado en el certamen de Cuentos Ilustrados de la Diputación de Badajoz. Su última obra es la novela Los viajes de Lucas Ventura , en donde se hace un recorrido por la historia de Extremadura a través de los ojos de un adolescente

–¿Cuál es su rincón favorito de Extremadura?

–Hervás, me parece una ciudad hermosísima y además está situada en un enclave inigualable, rodeada de montañas, de agua, de bosques…

–¿Qué plato de la gastronomía extremeña prefiere?

–Cochifrito y torta del Casar o de La Serena.

–¿Qué no debería perderse alguien que visite Extremadura?

–Extremadura está repleta de lugares que merecen ser visitados. Sólo haría una recomendación al visitante: que evite los meses de verano. El calor en nuestra tierra puede ser un mal compañero de aventuras.

–¿Hay algún lugar de la comunidad que le ha marcado especialmente?

–Además de Cáceres, que es mi ciudad, me encanta disfrutar del otoño en el valle del Ambroz o en la sierra de Gata.

–¿Qué actividades disfruta en la naturaleza durante su ocio?

–Pertenezco a un club de montaña y además, si el tiempo lo permite, me echo la mochila al hombro y me escapo con mi mujer y mis hijos a cualquier parte. En eso no somos nada perezosos.

–¿A qué evento cultural invitaría a un amigo?

–Tratando de distanciarme de las celebraciones más conocidas de la región, invitaría a un amigo al Festival Medieval que se celebra en Alburquerque durante el mes de agosto. También le llevaría a la conmemoración de la Batalla de la Albuera, que se celebra todos los años durante el mes de mayo en la localidad pacense de La Albuera, y si buscara recogimiento lo llevaría al rito de Los Empalaos, que se realiza cada Jueves Santo en Valverde de la Vera.

–¿Cuáles son a su juicio los atractivos de Extremadura, por los que nadie debería perder la oportunidad de descubrirla y disfrutarla?

–Extremadura todavía mantiene tradiciones y paisajes que ni el turismo ni la globalización han echado a perder, y además sigue siendo una región desconocida y sorprendente.